top of page

Club de Lecturas Rebeldes

  • Foto del escritor: María Osorio Gómez
    María Osorio Gómez
  • 9 ene
  • 2 Min. de lectura
La Michi Gerente
¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán!*

Tomar decisiones no ha sido nunca mi fuerte, ya sea por qué las tomó como una yegua desbocada, es decir, sin medir riesgos, necesidades, tiempos o consecuencias o por qué las rumiare esperando tomar la decisión perfecta, la ideal. Y esto lo cuento porque es precisamente lo que me ha sucedido con el Club de Lecturas Rebeldes, cuando la idea estuvo sobre la mesa, yo fui una yegua con pasión y bríos dispuesta a todo. Leí cuentos, compré libros, fijé fechas, hice y deshice, pero el Club requiere cada vez más y más dedicación, tiempo, empeño, preparación, convocatoria... y yo, me iba quedando sin bríos.

Mi compañero de vida, mis compañeras de colectiva, mi mamá me preguntaban cada tanto, por el Club, por lo agotadora que podía ser una jornada, incluso sugerían sutilmente que soltar y renunciar también era una posibilidad. Lo hacían sutilmente, porque yo, terca como una mula, -diría la abuela-, seguía empeñada en el Club. En leer cada quince días en voz alta, en escuchar la voz de otres y soñar que la vida podía ser ese instante luminoso en Ala de Colibrí.

Sin embargo, los meses pasaban, algunos encuentros eran maravillosos, otros eran un recordatorio que era necesario ser mejor, hacer una mejor convocatoria o tener mayor rigurosidad a la hora de elegir el texto, incluso que debería tomar una breve siesta antes del Club, para no sentirme tan cansada física y mentalmente.

El fin de año se acercaba y la mayoría preguntaba lo mismo ¿El próximo año seguirá el Club de Lectura? No sabía qué responder, o mejor sabía que debía decir: NO, no seguirá. Pero, yo sonreía y decía "quién sabe", "tal vez", "toca mirar" y respuestas así, todas evasivas llenas de esperanza, pero usted que me lee no se equivoque la esperanza no era para mi interlocutore, era para mí.

Incluso, alcance a idear una forma de mantener el Club, leeríamos novelas. Un encuentro presencial al mes y dos virtuales. Tenía incluso la primera novela que propondría y las posibles fechas. Entonces, tuvimos una reunión de planeación de nuestro 2026 como Áxidas.

Rumiamos entre todas la importancia del Club, lo bello que nos había dado, las puertas que nos ha abierto, las personas que nos ha presentado, todo aquello que nos enseñó en año y pedacito y agradecimos por ello. Entonces entendí que era hora de cerrar el ciclo del Club de Lecturas Rebeldes.

Por eso escribo hoy, para cerrar este ciclo de Lecturas Rebeldes, que me dio tanto, me enseñó y me abrió puertas y ventanas que espero no se cierren nunca. A todes aquellos que alguna vez prestaron su voz para que yo pudiera oírla, gracias. A todes aquellos que me acompañaron a tomar café y hablar de literatura escrita por mujeres, de esos dolores que no sabemos cómo nombrar, pero están ahí, mi gratitud. Que se sigan gestando espacios de encuentro.

A Ala, Andrea, Gaby, Juanita, Steven y sé que olvido el nombre de otra librera, (perdón) gracias, gracias, gracias por acogerme, por el café y por el espacio.


Alguien me pidió las lecturas del Club en digital.


*Versos del poema Adiós de Alfonsina Storni

Comentarios


bottom of page